Aves y aviturismo en Georgia, Estados Unidos

Por Ernesto Abel Salmerón / Contacto Salvaje A.C.

Apenas y despego el avión del aeropuerto de San Diego y yo ya estaba pegado en la ventana observando el paisaje que dejaba atrás; el océano Pacífico fue desapareciendo de mi vista poco a  poco y las montañas cubiertas de blancas rocas graníticas cedieron ante los valles desérticos del estado de Arizona. Ésta era mi primera vez viajando hacia el oeste de Estado Unidos y no quería perderme ningún detalle del terreno.

Si bien mi destino estaba a 4 horas de viaje, yo estaba resuelto a contemplar todo el trayecto, claro, el dolor de cuello pronto me cobró factura y también unas cuantas nubes impidieron que completara mi hazaña. A tres cuartas partes de mi vuelo, la transición del paisaje fue muy evidente, los tonos ocres del desierto gradualmente se tornaron a un verde intenso, característico de zonas con lluvias abundantes; vaya contraste.

Después de una parada en Atlanta, pronto estábamos en Brunswick, Georgia, lugar donde se llevarían a cabo las diferentes actividades por las cuales me desplacé de costa a costa sobre el continente americano. El primer día lo invertimos en un taller sobre aviturismo; nuestro instructor, Alan Rhodes, hizo un gran trabajo compartiendo su experiencia en el tema.

Y qué decir del resto de los participantes de la capacitación, algunos venían de Alaska y demás  lugares de Estados Unidos, otros de Canadá  y por supuesto de México; por un momento me sentí como un ave migratoria, rodeado de amigos de diferentes naciones e idiomas, pero al igual que las aves, sin fronteras.

Foto César Guerrero (2)

Todos platicamos sobre los esfuerzos que estábamos haciendo en nuestras comunidades para difundir el conocimiento de las aves playeras, dicho intercambio de experiencias fue muy enriquecedor. Al día siguiente visitamos la reserva natural de vida silvestre, Harris Neck, donde celebramos la dedicatoria del sitio número 100 de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP); la celebración fue tan emotiva que hasta los cielos lloraron, sí, cayó un aguacero que incluso los locales no veían cuándo terminaría.

El resto de las actividades fueron de exploración y camaradería, por cierto, tuve el gusto de pasear con reconocidos observadores de aves que de manera muy sencilla compartieron conmigo parte de su experiencia.

El océano Atlántico, sus islas, la costa y los deltas de varios ríos me mostraron su riqueza natural: tortugas marinas, caimanes, cangrejo herradura y muchos pájaros. ¿Mi meta para ese viaje? Por un lado adquirir herramientas para desempeñar mejor mi labor como educador ambiental y por otra parte, por supuesto, registrar el mayor número de aves.

Al final de la jornada había encontrado al águila calva, la chara azul, el gran carpintero norteamericano y 56 especies más, de las cuales 15 figuraron por primera vez en mis registros. Agradezco a la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) y a Terra Peninsular por haber hecho posible este viaje; también a mis colegas del Club Los Correcaminos y Contacto Salvaje quienes promueven activamente la observación y conservación de aves en Baja California.

Foto César Guerrero (1)

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