Concheros de Punta Mazo: ventanas hacia el pasado

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Por Luis Fernando López, Cecilia Alducin, Andrea González, Verónica Vargas, Juan López y Enah Fonseca

La información de los antiguos grupos humanos que se tiene en la península de Baja California se ha obtenido a través de restos de materiales localizados en sitios arqueológicos denominados concheros. Si bien su componente principal los define, no es la concha el único elemento presente. En este tipo de sitios podemos encontrar restos del consumo de moluscos pero también de animales y especies vegetales. Podemos inferir actividades de preparación, consumo y desecho de alimentos; así como el desarrollo de actividades productivas e inclusive de pernocta. Es por ello que a partir del estudio de los concheros podemos indagar sobre la vida cotidiana de los cazadores-recolectores-pescadores que vivieron hace cientos de años.

Con el objetivo de obtener la mayor información posible sobre los grupos que se asentaron en la actual Reserva Natural de Punta Mazo en San Quintín se realizaron excavaciones extensivas, como parte de la temporada 2018 del proyecto “Estudio de campamentos en la línea costera y valles intermontanos de Baja California”. Dicha temporada fue resultado de un trabajo en colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia y Terra Peninsular.

Figura 1. Abrigo rocoso 3. Se trata de un sitio arqueológico tipo conchero. Foto: Enah Fonseca.

El trabajo de campo fue realizado al sur de la Reserva Natural Punta Mazo, en una zona de formaciones de roca volcánica. El punto donde se trabajó fue seleccionado previamente a partir de un proyecto de recorrido de superficie realizado en el 2017 (Fonseca, 2017; Fonseca y Mejía 2017).

Durante esa temporada de campo se identificaron una serie de abrigos rocosos -cuevas naturales de poca profundidad- que se enumeran del 1 al 6, de norte a sur. En la temporada de excavación de este año se seleccionaron los abrigos 3 y 4 debido a su buen estado de conservación, así como la diversidad de materiales líticos y malacológicos observados en superficie en el abrigo 3 y la presencia de un mortero tallado en roca fija identificado en el abrigo 4 (Fig. 1).

Dentro de los abrigos rocosos se montaron retículas para dividir los cuadros de excavación con el fin de sistematizar la información de cada cuadro. La dinámica de trabajo en campo consistió en la excavación de capas del suelo dentro de los abrigos (Fig. 2); posteriormente, el sedimento era cernido con mallas de 1/8 de pulgada para hacer la identificación y clasificación de conchas, lítica –artefactos de piedra-y huesos (Fig. 3).

  Figura 2. Abrigo rocoso 4 en proceso de excavación. Foto: Enah Fonseca.

La excavación de las capas se realizó con la ayuda de herramientas como: cucharillas de albañil, picoletas y brochas de distintos grosores. Además del proceso mecánico de remoción de suelo, resultó fundamental el proceso de registro de las capas a diferentes profundidades. También se tomaron fotografías y se realizaron dibujos de los elementos arqueológicos en superficie (planta), al final se hizo una descripción de todas las capas en los perfiles de excavación (diferencias en las capas de manera vertical) (Fig. 4).

Figura 4. Registro de los perfiles excavados del abrigo rocoso 3. Foto: Enah Fonseca.

Posteriormente, en El Refugio – nuestro hogar y centro de operaciones durante la temporada de campo-, el material de concha se separó por especie y talla (longitud de la cocha); se registraron aquellos ejemplares o fragmentos que se encontraban quemados y si presentaban indicios de haber sido modificados para elaborar herramientas u ornamentos (Fig. 5).

Uno de los hallazgos significativos de mencionar fue la diferencia de contenido de conchas entre ambos abrigos. En el abrigo 3 se encontraron grandes cantidades de fragmentos de concha, principalmente de abulón (Haliotis cracherodii), mejillón (Mytilus californianus) y lapa (Lottia gigantea). Se observó que algunos de estos fragmentos parecen haber sido trabajados para elaborar joyería ya que presentaban perforaciones y cortes angulares, este indicio pone de manifiesto la importancia del material malacológico también por su valor ornamental y estético (Fig. 6). A diferencia del abrigo 3, en el abrigo 4 se encontró poca concha pero gran cantidad de material lítico, siendo la mayoría correspondiente a desechos de roca trabajada (lascas). Las diferencias observadas entre uno y otro abrigo están relacionadas con el uso/función de los espacios y los objetos, indica que había áreas de actividad destinadas a la preparación/consumo de alimentos donde además se seleccionaron determinados ejemplares de concha para la elaboración de ornamentos y otros espacios destinados a la manufactura de herramientas de piedra.

Figura 5. Análisis de concha en proceso. Además de la identificación taxonómica, se deben separar los fragmentos quemados o con huellas de haber sido modificados para la elaboración de artefactos u ornamentos. Foto: Enah Fonseca.

Respecto al material óseo encontrado podemos mencionar la preponderancia de peces, roedores y aves; sin embargo, también se identificaron dientes de nutrias y parte de una vértebra de ballena quemada (Fig. 7).

Figura 6. Concha de abulón con perforación y cortes angulares. Probablemente usado como pendiente. Foto: Enah Fonseca.

Finalmente, una de las grandes aportaciones de la temporada de campo para nuestra formación fue descubrir la importancia de la biología en los estudios arqueológicos. Además del reconocimiento taxonómico de las especies encontradas podemos hacer análisis de abundancia y talla para entender el comportamiento de sociedades pasadas respecto a sus patrones de consumo, manejo de recursos y cambios a lo largo del tiempo.

Figura 7. Fragmento quemado de vértebra de ballena. Foto: Enah Fonseca.

Este artículo se publicó en la edición noviembre 2018 de la revista Mediterranews.