Godínez en campo: safari fotográfico

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Por Laura Tamayo, Bárbara Ramírez, Bryan Gerardo y Antonieta Valenzuela / Terra Peninsular

Introducción / Bryan Gerardo

Salir a las reservas naturales siempre es una experiencia, sobre todo para alguien que se la vive en la oficina. Siempre hemos contemplado las aventuras o hazañas de nuestros compañeros en campo y de cierta forma nos incita a querer recrear algo parecido, pero una vez que pisas campo te das cuenta de lo inexperto y vulnerable que puedes ser. En ocasiones anteriores he tenido la oportunidad visitar las reservas y no pasó de ser atacado por una horda de mosquitos hambrientos o perder un zapato en pleno ascenso al volcán Sudoeste.

Pero esta vez no iba ser así, esta vez iba ser especial. Por primera vez íbamos a salir solos como Departamento de Desarrollo y Comunicación a las reservas, teníamos que demostrar nuestra autonomía dentro de las reservas. La tarea encomendada era recaudar material fotográfico para nuestro archivo, un trabajo arduo pero lleno de diversión y entusiasmo sobre todo porque esta vez íbamos a conocer la Reserva Natural Valle Tranquilo, reserva de la cual no me había tocado conocer con anterioridad.

Y fue así como 4 jóvenes entusiastas iniciaron su viaje a las reservas con la proeza de recaudar las mejores fotografías y a su vez degustar del espectáculo visual que nos proporciona la naturaleza, el sentir del aire fresco y el enajenamiento de los cotidiano para brindarnos un momento de contemplación y reflexión que hacen valorar aquello por lo cual estamos comprometidos.

Empezando la jornada / Laura Tamayo

Marina nos recibió en La Chorera, así lleva por nombre el cautivante mural que realizó Esther Gámez. Su mirada parecía cobrar vida, rodeada de los tesoros naturales de la bahía de San Quintín. La vieja construcción donde se encuentra plasmada, forma parte del relato, donde, entre puertas y ventanas, colores y trazos contrastantes, las aves se disponen a descansar y a retomar el vuelo. Inspirados por ella, fotografiamos el lugar, cada uno, captando lo que llamaba su atención. Detrás de la construcción, nos aguardaba la inmensidad de la bahía, había conchas por todos lados y el sonido de la marea era realmente revitalizante.

Después, llegamos al Mirador Valle Volcánico y seguimos un camino que daba a una cueva. Al llegar a este lugar, me sorprendí por su aparente temporalidad, el lugar parecía extraído de la era de los dinosaurios, el humedal estaba con un verde brillante, formando sus características curvas cristalinas. El trayecto para subir a la cueva estaba empinado y cubierto de piedras y restos de conchas y erizos. El guardaparque que nos acompañaba nos iba contando sus anécdotas, formadas tras convivir con los investigadores, visitantes y habitantes del lugar.

Conocí la Reserva Natural Monte Ceniza, aquí había un paisaje más árido pero no menos impresionante. Bajamos de la camioneta y el guardaparque se adelantó rápidamente para observar. Con mucho entusiasmo, nos habló para ver un coyote, después de un rato de intentar ubicarlo, logré verlo, su pelaje era parecido al color de la tierra, aunque brillante y con ciertos tonos parecidos a los del trigo. Fue un espectáculo verlo correr. Después, llegamos a descansar al Mirador Monte Ceniza, desde aquí el guardaparque nos contó sus anécdotas con la naturaleza de este lugar. Nos quedamos un tiempo contemplando y retratando el paisaje, entre risas, silencios y experiencias compartidas.

Al día siguiente, recorrimos el Humedal Chapala. El agua cristalina nos dejaba ver el pasto marino, y revelaba a través de la forma del agua, el paso de las aves. Como era de mañana, el paisaje estaba cálido y aprovechamos para tomar fotografías de este bonito lugar. Luego, continuamos nuestro camino a Valle Tranquilo.

Hasta la cima del Sudoeste / Bárbara Ramírez

El volcán Sudoeste es uno de los 11 conos volcánicos que se encuentran en la bahía de San Quintín y es el volcán más alto en el camino entre La Chorera y la entrada a la Reserva Natural Punta Mazo. Lo que hace miles (o millones) de años fue una abertura elevada en la tierra de la que emergía fuego y la materia caliente que dio forma al terreno a su alrededor, hoy es una figura que sobresale en el paisaje desde cuya cima se aprecian las mejores vistas de Bahía Falsa y de la lengüeta de arena que forma la Reserva Natural Punta Mazo.

El camino a la cima está tapizado de siemprevivas (Dudleya anthonyi). Subir por la ladera del volcán no toma más de 20 minutos a buen paso; sin embargo, si vas con cámara en mano, como nosotros, puede tomarte mucho más. Mientras subíamos el volcán, el tiempo que nos tomaba era lo de menos, lo que importaba era captar con la cámara todo el camino. Si midiéramos en fotografías lo que nos tomó subir el volcán, bien podríamos decir que nos tomó más de un día. Mi emoción por aquel paisaje hizo que a cada paso, tomara fotografías del mismo paisaje o de la misma Dudleya, desde un ángulo ligeramente diferente.

Desde la cima, por supuesto que la vista es impresionante. No sé cuánto tiempo estuvimos allá arriba y perdí la cuenta de cuántas fotografías tomé. La cima del volcán es un excelente lugar para contemplar el paisaje, compartir pensamientos sobre cómo debió de lucir cuando el volcán estaba activo y sentarse a descansar un momento antes de emprender el descenso y continuar con el itinerario.

Para quien busca puntos desde dónde obtener buenas fotografías de la bahía, el volcán Sudoeste es una parada obligatoria.

Reserva Natural Valle Tranquilo / Antonieta Valenzuela

El segundo día visitamos por primera vez la Reserva Natural Valle Tranquilo y para emprender la aventura contamos con la ayuda de Enrique, Oficial de Campo y Operaciones, quien nos guío a través de los caminos sinuosos de la reserva.

Valle Tranquilo se encuentra a unos 35 minutos al sur de San Quintín y es un sitio de más de 3 mil hectáreas de extensión, las fotos que tomamos no alcanzan a describir el vasto paisaje que parece casi intacto.

La vegetación de la reserva es totalmente diferente a lo que había visto antes: diferentes tonos de verde, naranja y amarillo sobresalen de entre la inmensidad de este magnífico lugar. Una de las cosas que más me impresionó fue ver lo grandes que son los Agaves shawii, esta especie de flora es endémica y es la imagen que aparece en el logo de Terra Peninsular.

Ese día tuvimos mucha suerte, en las pocas horas que estuvimos ahí observamos liebres y víboras de cascabel que nos avisaban de su presencia cada vez que intentábamos adentrarnos entre los agaves. También vimos dos venados y me quedé paralizada del asombro, fue tanto que me tardé unos segundos en reaccionar y tomar mi cámara. Después llegó un segundo venado que nos volteó a ver y se fueron juntos hacia la inmensidad de la reserva. Fue increíble.

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