La chica del Panteón Inglés

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Por Enrique Alfaro / Oficial de Campo y Operaciones de Terra Peninsular

De las cosas raras que a veces le suceden a uno. Hoy, al llegar al Humedal Panteón Inglés (sin un alma, ni un humano, carro o bicicleta alrededor) me encontré bajo una estructura de las nuestras a una mujer joven, sola.

Con absolutamente nadie, salvo los moradores del Panteón, me bajé del auto y caminé en el humedal. Ella, ni se movió. Me preocupé y me acerqué.

— ¿Necesitas ayuda? —pregunté.

— No —contestó.

— ¿Necesitas hablar con alguien? —insistí.

— Estoy hablando conmigo misma.

«¡Ups! aléjate, me estoy entrometiendo», pensé.

Terminé lo planeado y me subí al auto. En ese momento, me gritó y me pidió un encendedor. Sí tenía uno, pero le dije que no.

Encendí el auto, hice reversa y me alejé. No llevaba ni 100 metros, cuando miré por el retrovisor y sorpresa: ya no estaba, ni su rastro.

Desde el otro lado del humedal saqué el monocular y la busqué por todo el cementerio, y nada.

Hoy dormiré pensando que no cooperé para que se fumara su cigarrito a gusto. Por si o por no, si va a jalarme los pies en la noche a pedirme el encendedor, ahí lo tendré a la mano. Es más, dejaré uno en el cerco para que ni entre. No le tengo miedo a las ánimas, pero por si las de hules.

Una idea en “La chica del Panteón Inglés

  1. Gonzalo

    No te sabes la historia de la investigadora de aves que se suicidió por ahi?

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