¡Viajes que cambian vidas! Desarrollo profesional en California y Oregon

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Por Jonathan Vargas

El año pasado tuve la gran oportunidad de concursar y ser seleccionado como uno de los seis integrantes de la primera generación del Programa de Becarios para Soluciones Costeras, clase 2019. Este es un programa del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, y es financiado por David and Lucile Packard Foundation.

Después de la gran noticia, para finales de 2018 y gracias a la ayuda de Terra Peninsular, realizamos una cena para presentar el proyecto a las diversas organizaciones, instituciones de gobierno e invitados especiales, con la finalidad de buscar la colaboración a favor de la conservación de las aves playeras de la Bahía de Todos Santos.

Fue ahí, donde gracias a la visión de Jim Chu (Servicio Forestal de Estados Unidos), surgió la idea de realizar un viaje a Oregon y California, EUA, para conocer las estrategias de conservación de aves playeras que realizan de manera exitosa, especialmente del programa de recuperación del chorlo nevado. 

Después de varios meses de planeación, logramos realizarlo entre el 8 y14 de septiembre de 2019. La primera parte del viaje se llevó a cabo en la Bahía de Monterrey, California, gracias a la gran atención y organización por parte de Catherine Hickey, Matt Reiter y Blacke Babaree de Point Blue Conservation Science.

Durante esta etapa, estuvimos visitando diferentes sitios de la bahía, y conocimos a algunas de las personas que dirigen los esfuerzos de conservación de aves playeras y otras especies prioritarias, entre ellos, el programa de conservación de la nutria de mar (Enhydra lutris) en Moss Landin, el proyecto de monitoreo y conservación del ostrero negro, y desde luego, el chorlo nevado en Asilomar State Beach, entre otros.

Los temas y estrategias fueron variados, desde el manejo de áreas naturales protegidas, implementación de programas de educación ambiental, monitoreo, restauración, gestión, investigación, hasta la creación de políticas públicas.

Así transcurriría el resto del viaje, visitando sitios con problemáticas diversas, algunas muy similares a las que tenemos en Baja California. Conocimos de primera mano a los actores clave que implementan las estrategias de restauración de las dunas costeras, a través de la erradicación de plantas exóticas invasoras como el hielito (Mesembryanthemum crystallinum); uso de infraestructuras para promover la observación de aves y reducir el disturbio causado por las actividades humanas; manejo de las reservas naturales en coordinación con los diferentes niveles de gobierno e iniciativa privada, así como otros proyectos innovadores de restauración de humedales con vistas en incrementar la resiliencia ambiental para mitigar los efectos del cambio climático.

Pero sobre todo, resaltó la importancia de la colaboración y coordinación por un bien común, que es la conservación de nuestros recursos naturales, donde son parte fundamental la academia, autoridades, organizaciones de la sociedad civil, comunidad, e iniciativa privada.

La segunda etapa del viaje se realizó en la costa central de Oregon, específicamente en la reserva natural Siuslaw National Forest, pero hicimos nuestra base en Florence, una pequeña comunidad en medio de la reserva. Nuestros anfitriones Jim Chu, Deanna Williams y Cindy, así como todo el staff y guardaparques, nos atendieron de maravilla. El primer día en Oregon, visitamos la playa de South Beach State Park, donde Vanessa y Erika esperaban por nosotros. Aquí se encuentra una de las zonas de anidación del chorlo nevado, donde gracias al manejo del hábitat, monitoreo y programas de educación ambiental, las poblaciones se han recuperado en los últimos años.

Pero esto no acabaría ahí, después de estar en la playa nos dirigimos hacia otro sitio donde conoceríamos otras estrategias de conservación, me refiero al Oregon Coast Aquarium, donde además de ver la belleza del lugar, aprendimos cómo esta herramienta favorece la conservación de las aves a través de la educación ambiental, y la rehabilitación de animales silvestres.

Y bueno, qué decir de Siltcoos Area y Waxmyrtle, donde conocimos a Joseph quien desarrolla un programa piloto de control de depredadores utilizando otras especies de aves nativas, como la golondrina azulnegra (Progne subis); así como la restauración de las dunas costeras para erradicar pastos exóticos invasores, e incrementar el hábitat del chorlo nevado.

Otra de nuestras paradas en Siuslaw National Forest fue en el centro interpretativo de Camp Perpetua, donde recibimos una plática informativa, y conocimos los programas educativos enfocados en las especies prioritarias del parque, como el chorlo nevado y el mergulo (Brachyramphus marmoratus), para después realizar una increíble caminata entre el bosque por uno de los senderos, esa experiencia fue mágica después de haber pasado 3 días de sol, viento y playa.

Visitar y conocer las zonas donde se permiten y regulan actividades recreativas como el uso de vehículos en las dunas, nos mostró un mundo de posibilidades para buscar la regulación de las playas de Ensenada, promoviendo el equilibrio para el uso y disfrute de las personas de manera responsable y sostenible, para que las playas sean saludables y seguras para las aves y nuestras familias.

Son pocas las palabras que puedo expresar en esta crónica para describir lo diverso y enriquecedor de este viaje, sin embargo, todas las experiencias que traje en mi memoria las estaré compartiendo poco a poco con mis compañeros, esperando eventualmente replicar estas historias de éxito en nuestras bella Bahía de Todos Santos.

Quiero hacer un especial agradecimiento a quienes hicieron esto posible: Cornell Lab of Ornithology, Programa de Becarios para Soluciones Costeras, The Lucile and Packard Foundation, Terra Peninsular, USFS, International Community Foundation, Point Blue Conservation Science, Audubon California, Jim Chu, Deanna Williams, Cindy, Catherine Hickey, Matt Reiter, Blacke Barbaree, Carleton Eyster, Lynne Stenzel, y a mis compañeros que nos acompañaron en este viaje: Sharon Montecino, Leslie Ponce, Eduardo Palacios, Guillermo Fernández y Liliana Ortiz, así como a todas aquellas personas que se me olvida mencionar, pero que sin su apoyo este viaje no hubiera sido posible.