La combinación entre biología y fotografía

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Por Carolina Mildred Rivera

Casi al final de mi vida universitaria, uno de mis sueños se hizo realidad. Desde tiempo atrás soñaba con viajar a lugares poco conocidos para explorar y maravillarme de la naturaleza y al mismo tiempo mostrar a otros lo que mis ojos observaban, como en los documentales de naturaleza y vida silvestre que tanto veía de niña.

En 2018 visité Baja California y conocí al equipo de Terra Peninsular, quedé maravillada con las actividades y metas que tienen en favor de la conservación, así que cuando fui aceptada para realizar mis prácticas profesionales al año siguiente con ellos no dudé en realizar el viaje.

Sofía, Montserrat, Carolina y Alitzel. Foto por Oscar Hernández.

Lo que no sabía acerca de esta experiencia es que traería consigo un gran reto: realizar una tarea multidisciplinaria en donde además de aprender y poner en práctica mi carrera de Biología, estaría haciendo fotografía y me desempeñaría en el Departamento de Comunicación, siendo mi principal tarea documentar todo lo vivido en campo.

Antes de Baja California no tenía las bases de cómo tomar una fotografía o editar videos para divulgación, lo cual representaba una debilidad profesional. Aun así, acepté el desafío de aprender y mostrar cómo se vive la conservación en Baja California.

Fue así como empezó la tarea de aprender aspectos básicos de fotografía y video con la ayuda de mi coordinador Bryan Gerardo y de mis compañeras de prácticas Alitzel, Sofía y Montserrat. Al cabo de unos días, el miedo a la cámara había desaparecido y estábamos preparándonos para iniciar el trabajo en campo. Todo el material que me habían proporcionado estaba listo para poder captar los momentos más importantes de las actividades de monitoreo y muestreo.

Montserrat analizando muestras. Foto por Carolina Rivera.

¡Por fin! La primera aventura comenzó con los monitoreos del chorlo nevado (Charadrius nivosus) y charrán mínimo (Sternula antillarum) en la Reserva de Aves Playeras Bahía de Todos Santos. 

Al inicio me resultó difícil documentar ya que deseaba tomar fotografías de todo lo que veía y eso de alguna manera interfería con el trabajo de campo, ya que quería estar en dos lados al mismo tiempo: tomar fotos y participar en los esfuerzos de monitoreo y muestreo. 

Practicantes y voluntarios

En ese momento creía que debía concentrarme en una sola tarea, ya que como bióloga en formación, deseaba aprender la mayor cantidad posible de técnicas de campo, pero por otro lado, tenía la misión de dar a conocer lo que hacían mis compañeros para poder realizar una conservación efectiva. Ese fue el mayor reto que tuve durante mis prácticas.

Hubo momentos de mucho estrés al querer realizar dos actividades a la vez, de frustración por no poder capturar exitosamente las imágenes que mis ojos veían, así como de desesperación al tratar de caminar por un humedal con el lodo hasta las rodillas cargando una cámara y un tripié con la preocupación que algo le pasara al equipo o a mí misma. 

Muestreo con cámaras trampa en Valle Tranquilo. Foto por Carolina Rivera.

Afortunadamente, nada malo ocurrió. Al contrario, al final de la semana del segundo muestreo, ya habíamos formado un pequeño equipo que al final se convirtió en una familia, los días pasaban y siempre había risas en el desayuno, comida y cena, las pláticas se volvían más amenas, el trabajo de campo se estaba llevando a cabo de manera tan eficaz, que incluso nos daba tiempo de divertirnos al término de cada muestreo.

Lo más importante para mí fue poder capturar momentos espontáneos, como el cansancio al levantarse por la madrugada y salir al humedal o al campo para revisar trampas, la emoción de poder tener entre las manos a un polluelo de chorlo nevado o a una rata canguro de San Quintín (Dipodomys gravipes); o también capturar momentos divertidos, como cuando alguien no conoce que es una choya (Cylindropuntia) hasta que la tiene pegada en el pie, de sentirse libre y diminuto al estar entre la naturaleza en Valle Tranquilo y de tomar un rico café frente al mar después de cumplir las tareas del día, con compañeros y amigos con el mismo interés de preservar y conservar.

Jorge capturando una rata canguro. Foto por Carolina Rivera.

Con esta experiencia puse en práctica los cuatro años de la carrera profesional, salí de la zona de confort, me desarrollé en nuevas áreas laborales y conocí a personas destacadas en el área de Biología, lo que me permitió ampliar mi visión respecto a que la conservación se puede llevar a cabo de diferentes maneras.

Al final de mis prácticas me percaté que no es tan relevante lo mucho o poco que sepas, sino, el empeño que tengas en aprender cosas nuevas y sacar provecho de las oportunidades y retos que tienes frente a ti. Creo que la conservación puede llegar más lejos cuando va de la mano con otras disciplinas como en este caso fue la comunicación, y que sin lugar a dudas vale la pena volverte multidisciplinaria por una buena causa, la causa en la que tú creas.

Colocación de una cámara trampa. Foto por Carolina Rivera.

Acerca de la autora

  • Carolina Rivera estudió Biología en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). Su principal interés es la Biología de la Conservación y fue practicante en Terra Peninsular durante el verano del 2019.

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