Por Dr. José Delgadillo Rodríguez

El cirio es seguramente la planta más representativa del desierto árido central de la península de Baja California, y de manera particular, de la zona llamada Valle de los Cirios, en el desierto de Vizcaíno, o desierto Cochimí (Delgadillo, 1998). El cirio (Fouquieria columnaris), pertenece a la familia botánica Fouquieriaceae, con un solo género Fouquieria y 11 especies, entre ellas el ocotillo. Su forma columnar ha llamado la atención de muchos botánicos que consideran a esta planta de tallo carnoso (sarco) como única en la flora de México y, por supuesto, de un selecto grupo de especies en el mundo con tales características.

Así, un idéntico biotipo (forma biológica) lo presenta la especie Pachypodium namaquamum, una planta que también tiene talla carnoso y se encuentra en el Karoo, en África, el cual es un desierto oceánico similar al de Vizcaíno; por lo anterior, se deduce que estos biotipos reflejan una adaptación muy antigua a un tipo de clima que no ha sufrido importantes oscilaciones.

Foto por Alan Harper.

En el año de 1751, el padre Fernando Consag publicó la existencia del cirio y sus propiedades, por ser estos árboles altos, derechos y sin ramas, el padre Consag y su comitiva les dieron el nombre de “cirios”; mientras que los indígenas Cochimí lo llamaban milapa (León-Portilla, 1988). En Estados Unidos, es conocido como Boojum tree, que significa “una cosa mítica de sitios desolados y lejanos” (Humphrey, 1974).

Las plantas son como gigantes y por su forma algunos la comparan a una zanahoria, llegando a medir hasta 20 metros siendo su altura máxima conocida de 26.37 metros. Sin embargo, es muy común encontrar plantas con ramificaciones y formaciones caprichosas.

Área de Punta Prieta, desierto Cochimí, Baja California. Foto por José Delgadillo.

El cirio florece en agosto y septiembre, sus flores son pequeñas con corolas amarillo-crema; tienen un fuerte fragancia a miel y produce néctar dulce. Han sido reportadas 15 especies de abejas que visitan las flores (Humphrey y Werner 1969; en Henrickson, 1972).

El crecimiento terminal de los tallos o tronco principal aparentemente se presenta sólo en el período invierno-primavera, nuca en verano o en cualquier otra estación del año. Durante años inusuales de lluvias en invierno el crecimiento es considerable, que contrasta con el poco o nulo crecimiento en años de extrema sequía (Humphrey, 1974). Esta especie de crecimiento lento se presenta sobre laderas rocosas y planicies aluviales, principalmente en suelos profundos de origen granítico-arcilloso y que favorecen un buen proceso de drenaje; también se les encuentra en  otros tipos de suelos, como ejemplo los de origen volcánico. La humedad proveniente de la niebla juega un papel muy importante como fuente de agua.

Área de Cataviña, desierto Cochimí, Baja California. Foto por José Delgadillo.

El cirio es una planta con una distribución restringida (y por lo tanto, endémica) en la península de Baja California y una pequeña porción de Puerto Libertad (Sierra Blanca) Sonora, además de Isla Ángel de la Guarda. Sin embargo la mayor densidad por superficie se encuentra en la parte media de la península, desde el sur de El Rosario, en Baja California, hasta las laderas norte del Volcán de Tres Vírgenes, en Baja California Sur. Esta región árida tiene un promedio de 73 a 140 mm de precipitación anual, principalmente de enero al mes de abril y con menos precipitación entre agosto y septiembre. Miguel del Barco (en León-Portilla, 1988), hizo referencia a esta planta como “una clase de vegetales carnosos, un árbol que no sabemos se halle en otra parte de América ni del mundo, ni aún en la California”.

Generalmente, el cirio se ubica dentro del tipo de vegetación llamada sarcocaulescente (tallos suculentos), y está asociada a las siguientes especies de plantas: árbol elefante (Pachycormus discolor), cardón (Pachycereus pringlei), ocotillo (Fouquieria splendens), palo Adán (Fouquieria diguetii), yuca datil (Yucca valida), gobernadora (Larrea tridentata) y una gran diversidad de cactáceas y agaves. También, esta especie se encuentra asociada a la planta epífita llamada heno (Tillandsia recurvata) y líquenes colgantes como Ramalina menziesii (orchilla), principalmente en poblaciones cercanas a la costa del Pacífico debido a la alta humedad atmosférica.

Fotor por Verónica Meza.

Al respecto, Humphrey (1974) menciona que el factor crítico para las poblaciones cercanas a la costa del Pacífico, y que afectan su establecimiento, son los constantes vientos que provocan la desecación del suelo. Aunque los vientos contienen considerable humedad a manera de neblina o simplemente una alta humedad relativa, raramente se presentan por períodos mayores de 24 horas para mantener el suelo húmedo o prevenir la sequía. Consecuentemente, en las laderas orientadas y con protección de los vientos es donde se presentan con cierta abundancia individuos de cirios.

La explotación de este importante recurso vegetal se ha limitado al uso de  su madera delgada para construir pequeñas casas y para adornar paredes, con una alta demanda. Debido a que la ley permite la comercialización de árboles caídos secos, se induce la muerte de manera ilegal usando alambre de púas para estrangular y cortar al árbol desde casi la base.

Fotor por Verónica Meza.

Esta especie, endémica para México, no se encuentra protegida dentro de las Normas Mexicanas (NOM-059-SEMARNAT-2010), lo que hace necesario realizar los estudios científicos suficientes que apoyen su inclusión. Sin embargo, sí está incluida en el Apéndice II de la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (CITES; siglas en inglés), y de la cual México es signatario. En ese apéndice se incluyen especies que, si bien en la actualidad no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, podrían llegar a esa situación a menos que el comercio  de especímenes esté sujeto a una reglamentación estricta.

El cirio fue considerado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) como una especie prioritaria de conservación en México, con el propósito de desarrollar el programa nacional para su conservación. Por otra parte, el cirio dio nombre al decreto de 1980 que estableció el Área de Protección Especial de la Flora y Fauna conocido como Valle de los Cirios.

Acerca del autor

El Dr. José Delgadillo Rodríguez es profesor de Botánica y responsable del Herbario BCMEX en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Baja California, campus Ensenada. Correo: jdelga@uabc.edu.mx

Fuentes

  • Delgadillo, J. 1998. Florística y ecología del Norte de Baja California. 2da. Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali, B.C. 405 pp
  • León-Portilla, M. 1988. Miguel del Barco: Historia Natural y crónica de la Antigua California [adiciones y correcciones a la noticia de Miguel Venegas]. Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, D.F. 482 pp.
  • Humphrey, R.R. 1974. The Boojum and its home: Idria columnaris K. and its ecological niche. The University of Arizona Press, Tucson. 214 pp.
  • Henrickson,J. 1972. A taxonomic revision of the Fouquieriaceae. Aliso 7(4): 439-537.
  • SEMARNAP, 1997. Programa de conservación de la vida silvestre y diversificación productiva en el sector rural 1997-2000. Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap). México, D.F. p. 133.
  • Wiggins, L.I. 1980. Flora of Baja California. Stanford Universty Press. Stanford, California. USA. 1025 pp.