Aerobotes y su uso en acciones de conservación

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Por Vitza Cabrera, Ricardo Domínguez y Sean Meade

Fotografías por Sean Meade

Este artículo aparece en la edición no. 19 (julio 2020) de la revista Mediterranews

El aerobote se inventó a principios de 1900 y aunque es incierto en dónde y cómo surgió, la verdad es que los primeros aerobotes eran completamente diferentes a los de hoy en día. Mediante un proceso de prueba y error, los aerobotes han evolucionado hasta convertirse en lo que son en la actualidad: tienen un fondo plano, el piloto se sitúa en una posición elevada, el motor está al fondo y los propulsores están protegidos por una caja.

Algunos registros sugieren que los primeros usos de este tipo de botes eran en un contexto militar, pero para los años 1930 y 1940, éstos empezaron a popularizarse en Florida, Estados Unidos, por las personas que vivían alrededor de los Everglades. Las personas vieron una gran ventaja, ya que este tipo de bote les permitía navegar en aguas poco profundas y tener acceso a lugares a los cuales normalmente no podían llegar o que requerían de mucho esfuerzo.

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¿Qué es un aerobote?

Un aerobote, también conocido como hidrodeslizador o aerolancha, se caracteriza por tener un fondo plano y suave. El rango de longitud es de 3 a 14 metros, entre 2 y 5 metros de ancho y puede pesar entre 300 y 10,000 kilogramos. Un aerobote promedio es de 4.8 metros de largo y 2.4 metros de ancho, con dos o tres propulsores que son impulsados por un automotor o un motor de aeronave ubicado en la popa, lo que le permite llegar a velocidades de hasta 80 kilómetros por hora. Para usar el aerobote de forma segura, se requiere equipo de seguridad, tales como chaleco salvavidas, auriculares de seguridad, y casco, por mencionar algunos. Las normas de seguridad varían dependiendo del país.

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En campo, los aerobotes son conocidos por ser ruidosos y por crear fuertes vientos detrás de ellos, pero gracias a su fondo plano generan mucho menos disturbio en el fondo de un lago y en la superficie del agua, siendo así una buena opción para la obtención de medidas en aguas poco profundas (Yutaka et al., 2011). Hoy en día, son muy populares en Estados Unidos, especialmente en Florida y Alaska, ya que pueden atravesar áreas remotas de humedales que no son accesibles a pie o por botes convencionales. De hecho, los aerobotes son capaces de navegar en marismas, bancos de arena, grava y matorrales.

Debido a estas características, el uso de aerobotes es relevante en temas de conservación. Por ejemplo, en 2011 unos investigadores usaron un tipo de aerobote para mapear la calidad del agua en aguas poco profundas de Hokkaido, Japón. Midieron los parámetros de la temperatura, pH, oxígeno disuelto, conductividad, turbidez y clorofila. 

El aerobote es considerado una herramienta excelente para diferentes tipos de muestreos (por ejemplo, muestro de pantanos y aves), ya que permite llegar a zonas remotas e incrementar el área de estudio (Liu et al., 2009; Davis, 2012).

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En Alaska, el Servicio Forestal usa aerobotes en el delta del río Copper (un sitio designado de la Red Hemisférica de Reservas de Aves Playeras) para transportar personal, muestreos de aves playeras y águila calva, y para algunos muestreos de plantas acuáticas. Los aerobotes permiten el acceso a planicies lodosas extensas que se encuentran ahí. Hay algunas restricciones de temporada en el delta del río Copper y se prohíbe el uso de aerobotes entre el 1 de mayo y el 31 de agostos para proteger hábitats de anidación y vegetación durante ese periodo.

En el caso de las aves, no hay una reacción estándar ante la presencia de un aerobote. Hay ciertos factores que contribuyen a la forma en que reaccionan las aves, tal como el grado de habitud a la presencia humana y otros tipos de barcos, la estación del año o si las aves están en temporada reproductiva, de anidación o alimentación.

Se han realizado diversos estudios para establecer la distancia de huida de las aves, pero se ha concluido que no hay ninguna regla que nos pueda permitir establecer una distancia específica. Sin embargo, es importante monitorear la forma en que la vida silvestre reacciona para así establecer un plan de manejo de conservación en el que se implementen zonas de amortiguamiento, así como su uso estacional en el caso de ser apropiado o necesario (Roadger and Schwikert, 2003).

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Como podemos notar, así como cualquier otra nave o barco utilizada en zonas prístinas, es imperativo establecer un plan de manejo que permita el control para minimizar el impacto que pueda tener en el ecosistema. Eso significa respetar los lugares que la vida silvestre usa y así establecer reglas, zonas y temporadas para navegar en el agua.

En 2018, Terra Peninsular A.C. recibió un aerobote como donativo de los Programas Internacionales del Servicio Forestal y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Este aerobote nos permitirá hacer nuestro trabajo de manera eficiente y en menos tiempo, nos facilitará movernos por la bahía, los humedales y los canales con el objetivo principal de monitorear la calidad de agua, la densidad de los pastos marinos y la vida silvestre asociada a ellas, así como monitoreo de aves y organizar limpiezas de playa para mantener la bahía limpia y saludable.

A principios de 2020, tres miembros del equipo fueron entrenados por un miembro del Servicio Forestal de Estados Unidos y aprendieron cómo usar el aerobote de forma segura y mantenerlo en óptimas condiciones. Los miembros del equipo también serán los responsables de establecer un plan de manejo que asegure el menor impacto en la bahía, la vida silvestre y los propios navegantes.

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Referencias

  • Kaizu, Y., Iio, M., Yamada, H., & Noguchi, N. (2011). Development of unmanned airboat for water-quality mapping. Biosystems engineering, 109 (4), 338-347.
  • Roadger, J. y Schwikert, S. (2003). Buffer Zone Distances to Protect Foraging and Loafing Waterbirds from Disturbance by Airboats in Florida. Waterbirds, 26 (4), 437-443.
  • Yutaka, K., Munetaka, L., Hiroyuki, Y., Noboru, N., (2011). Development of unmanned airboat for water-quality mapping. Biosystems Engineering, 109 (4), 338-347.
  • Zacheis, A., & Doran, K. (2009). Resistance and resilience of floating mat fens in interior Alaska following airboat disturbance Wetlands 29 (1), 236-247.

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