Futura bióloga explorando las reservas naturales

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Por Sofía Daniela Flores Mejía / Estudiante de Biología de la Universidad de las Américas Puebla

A finales del 2021 sabía que quería realizar mis prácticas profesionales en verano del siguiente año, así que me puse a investigar las organizaciones que podrían ser una buena opción. Uno de mis profesores y asesor de tesis me comentó acerca de Terra Peninsular A.C. y mencionó que podría realizar no sólo mis prácticas profesionales sino también el trabajo de campo necesario para mi tesis. Acepté, me puso en contacto con la asociación y unos cuantos meses después estaba decidido: me iría dos meses a trabajar en San Quintín, Baja California.

En el mes de mayo del 2022 llegué a Ensenada. Desde el momento en que llegué a las oficinas de Terra, empezar a conocer a las personas, ver el lugar, conocer mejor el trabajo que hacen y el saber que me esperaban muchas cosas padrísimas en las siguientes diez semanas que estaría allá, me llenaron de emoción.

Una de las cosas que realicé estando allá fue trabajar con un dron junto con otros dos biólogos, Vitza y Héctor, aprendimos a volarlo y a usar los programas para analizar las imágenes. Uno de los objetivos que teníamos era mapear la reserva de Monte Ceniza y Punta Mazo por medio de ortomosaicos, el otro era registrar con fotografías los lugares donde hay extracción de piedra bola a lo largo de la costa. Y, por último, usar el dron para tomar fotografías y videos que sirvieran para las redes sociales.

La otra cosa que hice durante mi estancia, y en lo personal mi cosa favorita, fue participar en tres monitoreos biológicos: el de la rata canguro de San Quintín (Dipodomys gravipes), el de reptiles en conjunto con la asociación civil Fauna del Noroeste y en el monitoreo de aves.

El monitoreo de rata canguro nos tomó dos días. Primero fuimos a la Reserva Natural Valle Tranquilo, uno de los lugares más hermosos que vi estando allá, el paisaje era irreal y se sentía como si estuvieras dentro de una pintura. Estar ahí fue toda una aventura. Llegando pusimos el campamento, colocamos las cámaras trampa, regresamos a comer unos sándwiches y nos dimos cuenta de que llevábamos comida, pero no teníamos ningún cubierto, plato o utensilio para cocinar, solo teníamos una navaja e hicimos lo que pudimos con eso. Poco antes del atardecer pusimos las trampas y las revisamos a la mañana siguiente. Una vez teniendo las ratitas las pesamos, medimos, revisamos y finalmente las liberamos. Después de que terminamos regresamos a la Reserva Natural Monte Ceniza donde nuevamente pusimos trampas.

El siguiente monitoreo fue el de reptiles que duró 4 días. Ese se llevó a cabo en las reservas naturales de Punta Mazo y Monte Ceniza y de igual forma medimos, pesamos y revisamos a los animales. Colocamos las trampas, las dejamos activas y las revisamos todos los días haciendo el recorrido desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde aproximadamente. 

En ese monitoreo pasó de todo, encontramos entre muchas serpientes una de cascabel, muchas lagartijas, escorpiones, arañas, ratones, musarañas y más. Se nos poncharon no una, ni dos, sino tres llantas, comimos delicioso, caminamos en las tardes por la playa o por los humedales y conocí gente muy bonita que me llenó de mucho conocimiento y nuevas experiencias.

Y por último el monitoreo de aves. Este monitoreo fue de los más extremos, vivimos mil aventuras y me divertí mucho. Para este monitoreo era necesario caminar en los humedales, atravesando los canales. Como yo no llevaba los zapatos adecuados tuve que andar un buen rato descalza entre las plantas, me enterré muchas veces en el lodo quedándome atorada por no poder sacar mis pies por culpa de las chanclas. 

Todos estábamos mojados, llenos de lodo, olíamos a humedal y el carro quedó completamente sucio. Preparamos un delicioso ceviche en medio de la nada, me pellizcó un cangrejo, nos desvelamos todos los días, y mucho más.

Agradezco mucho haber tenido esta oportunidad, fue una experiencia inolvidable. Aprendí que no importa que no sepas todo, el conocimiento se va obteniendo de la práctica. Ahora sé no sólo como trabajar y manipular animales, sino también a acampar y a saber en realidad que es estar en campo; incluso me tocó hacer cosas que nunca creí que haría. 

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Grabamos y fotografiamos las estrellas, tomé clases de surf, pesqué, hice kayak, subí volcanes, vi el impacto de las acciones humanas en los ecosistemas, conocí gente increíble, viví cosas que me parecieron irreales, reí demasiado y visité lugares bellísimos que nunca imaginé que estuvieran en un rinconcito de Baja California.

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